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Esta es la columna que saldrá el próximo domingo en La Capital

No es inusual que me consulten emprendedores que se dedican a alguna forma de enseñanza o coaching, desde clases de cocina hasta protocolo. La pregunta que me hacen con más frecuencia es: “¿cómo puedo contactar a más alumnos?”

La respuesta a esa pregunta es una variada gama de estrategias que están disponibles para cualquier pequeño emprendedor y que suelo recomendarles. Sin embargo, lo que no puedo sugerirles aún, es que se suscriban a Teachstreet.com, simplemente porque esa empresa sólo opera en la ciudad americana de Seattle, la cuna de Microsoft, Starbucks y Frasier, la sitcom de Sony.

TeachStreet es un directorio de más 2.500 profesores, entrenadores, “coaches”, tutores, e instructores en el área de Seattle. Cada persona que busca enseñanza de algún tema en particular puede buscar en esa base de datos de más de 500 materias diferentes, filtrando la información por ubicación geográfica del profesor, comentarios o calificaciones que les otorgaron otros estudiantes, disponibilidad de fechas y horarios y precios promocionales de las clases.

Para los profesores, TeachStreet es una forma de darse a conocer y buscar nuevos alumnos para disciplinas como tenis, idiomas, piano y hasta break dancing o póker. Además, el sitio les ofrece herramientas gratuitas para mejorar su aparición en buscadores de internet, crear sus perfiles y administrar su agenda de clases.

Es una suerte de eBay de profesores, un mercado virtual con feedback de los usuarios aunque con una fuerte orientación geográfica. Sin embargo, la estructura básica del sitio permite que se agreguen profesores y clases de otras ciudades y/o países. De hecho, están buscando socios para ofrecer sus servicios en otras ciudades americanas.

De todas maneras, TeachStreet es una idea de negocio interesante e innovadora, que soluciona un problema real, pero cuya tecnología no es compleja. Por lo tanto, la reproducción del modelo en cualquier otro país y ciudad no es difícil. Sólo se requiere algún emprendedor con visión. ¿Quién se anima? Quiero recomendarlos.

Mi columna de este domingo en La Capital:

Tenedor libre de revistas

Eduardo Remolins

¿A quién no le ha pasado? Pararse en el kiosco de diarios y pasarse un buen rato entre la tapa de la revista de deportes, la de política, la de actualidad, la de música o la de negocios. No saber por cual decidirse y pensar que, si las llevaras todas, la cuenta superaría fácilmente los 100 pesos.

Eso es porque no vivimos en Francia, donde uno puede comprar 400 revistas por mes, por un precio fijo. Un tenedor libre de revistas: todo lo que puedas leer por 17,90 Euros y en formato digital.

La idea se le ocurrió a Relay (www.relay.fr), un distribuidor francés de revistas que apuntó a los clientes eco-responsables, preocupados por las toneladas de papel, agua y combustible que hacen falta para imprimir y distribuir las revistas que se consumen en el mundo.

El sistema incluye un software de lectura llamado Delivery. Una vez que se lo instala el cliente comienza a recibir las revistas elegidas en formato multimedia, es decir que además de las notas de la versión impresa incluyen sonido, videos, videojuegos, fondos de pantalla y links interactivos. Además, para ubicar las notas puede usarse un buscador especial y el contenido puede guardarse para leer off line, clasificarse y hasta crear números especiales mezclando las notas de distintas revistas.

Como el producto está orientado a consumidores eco-conscientes, 1 Euro del precio de la suscripción mensual es destinado a la WWF, la organización ecologista, que dedica esos fondos a la reforestación de los bosques de Nueva Caledonia, reducidos en las últimas décadas al 1% de su tamaño original.

El producto es una cruza entre la industria de contenidos y entretenimiento y los cada vez más visibles  econegocios, aquellos que apuntan a mitigar los efectos negativos de la economía sobre el medioambiente.

El tiempo dirá si los consumidores se acostumbran a leer directamente de la pantalla. Por lo pronto, si la lectura es en la cama y con la notebook, hay que tener más cuidado de no volcar el café con leche.

 

Adelanto de la columna del domingo en La Capital

La escacez de recursos humanos no es un problema solamente de Argentina. En nuestro país no es tan sencillo hoy conseguir una persona para cubrir un puesto administrativo o para desarrollar un sitio web, como era hace cuatro o cinco años. Por suerte, obviamente.

Pero en EEUU o Europa sucede algo similar. El desempleo es relativamente bajo y cuesta encontrar empleados, especialmente si lo que se requiere es un trabajo part time o una tarea puntual, por un tiempo acotado.

Sin embargo, no es difícil notar que al mismo tiempo que baja el desempleo, sigue aumentando el número de estudiantes que, en los países desarrollados, se endeudan para pagar sus estudios.

Así surgió www.studentgems.com un sitio web británico que pone en contacto a empresas que ofrecen trabajos part time o puntuales con estudiantes que están buscando “changas” que les permitan pagar parte de sus estudios, sin tener que descuidarlos.

La empresa sólo acepta estudiantes de al menos 18 años y les pide que describan sus capacidades, desde los idiomas que saben hablar, hasta las habilidades de programación u operación de computadoras. Hay en total 1400 categorías de habilidades.

Por el otro lado, las empresas pueden buscar personas con las habilidades que necesitan y, si no encuentran a nadie con esas capacidades, poner un aviso en el sitio buscándola.

A simple vista Student Gems es muy parecido a gigantes del sector, como www.bumeran.com, pero su particularidad es que están especializados en un rubro muy preciso.

Financiado por publicidad, el sitio el gratuito para ambos públicos y el valor que crea para cada uno es evidente. Para una pequeña empresa es difícil hoy en día contratar profesionales para todas las tareas que necesitan. Su presupuesto es reducido y están dispuestas a entrenar a alguien con poca o nula experiencia. La experiencia ganada (y el dinero, por supuesto) es la contraparte que motiva a los estudiantes.

Parece apenas la versión virtual del viejo aviso “se busca estudiante” y ciertamente la práctica no es totalmente ajena a nuestra cultura. ¿Porqué no copiarlo?

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El adelanto de mi columna del domingo en La Capital

Casas a pedido

Eduardo Remolins

“Todo el mundo tiene un precio”. La frase siempre me sonó desagradable e incorrecta. Sin embargo, reconozco que aplicada a bienes, no a personas, tiene mucho más sentido. Puede que no se aplique al 100% de los casos, pero se aproxima más. Quizás no vendamos ese reloj antiguo que es un recuerdo del abuelo Ricardo, pero otras cosas podrían estar a la venta, si nos ofreciesen el precio correcto.

Una amiga que trabaja en un elegante barrio privado me comentó que no es extraño escuchar que algún residente, que no tiene su casa en venta, se interese por las ofertas que puedan hacerle llegar. “Si te preguntan si mi casa está en venta, preguntales cuánto ofrecen”.

Este punto de vista es el que pretende aprovechar el banco holandés ING para inyectar algo de entusiasmo en el alicaído mercado inmobiliario holandés. A fines de febrero el gigante financiero se asoció con la inmobiliaria virtual iBlue ( www.iblue.nl ) para lanzar la iniciativa WoonWaarUWilt ( www.woonwaaruwilt.nl ) o “Viva donde quiera”, destinada a facilitar la compra de inmuebles que no están a la venta.

Luego de llenar un formulario en el sitio web consignando el inmueble deseado y el precio que estaría dispuesto a ofrecer, el cliente se reúne con oficiales del banco y con un experto en hipotecas, quienes analizan si la oferta es razonable y si el cliente tiene capacidad financiera para afrontarla.

Superado este paso la empresa se contacta con los dueños del inmueble para hacerle llegar la oferta, el nombre del interesado y su calificación crediticia, así como la disposición del banco a financiar la operación.

Esta forma de hacer negocios forma parte de lo que se ha llamado la “economía de la intención” y que se crea alrededor de personas que tienen el dinero y la voluntad de comprar un producto determinado. El “vendedor” no hace más que preguntar qué es lo que el cliente quiere y sale a buscarlo. Muy distinto a tener un conjunto de productos y “empujar” a través de la publicidad para que los clientes lo compren. A fin de cuentas el mercado sólo existe para satisfacer necesidades y deseos.

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Adelanto de la columna del domingo en La Capital

Tecnológicas: 1, Automotrices: 0

Eduardo Remolins

Una vieja leyenda urbana cuenta que Bill Gates dijo en una conferencia “si los fabricantes de autos hubieran hecho lo mismo que los fabricantes de computadoras, estaríamos manejando autos de 25 dólares que recorrerían 250 km con un litro de nafta”.

Supuestamente General Motors respondió: “Si los autos se hicieran como las computadoras, se detendrían en cualquier momento, sin ninguna razón aparente y Ud. tendría que apagarlo y encenderlo nuevamente, y en caso de choque el sistema de airbag le preguntaría ´¿está seguro?´ antes de dispararse”.

La guerra de ironías parece estar a punto de terminar y las computadoras ganan. Finalmente las empresas de tecnología se lanzaron a producir automóviles y, para mejor, ¡deportivos! Tesla Motors (www.teslamotors.com) lanzó su modelo Roadster, un automóvil totalmente eléctrico que alcanza los 100 km por hora en 4 segundos.

La compañía fue fundada por Martin Eberhard, un veterano del Silicon Valley que la organizó como a sus hermanas informáticas: Tesla solamente diseña y prueba un conjunto de piezas que son fabricadas y ensambladas en el resto del mundo.

Uno de los secretos del Roadster son las baterías, el punto flojo de todos sus primos desarrollados por compañías automotrices tradicionales. Eberhard le puso a su modelo baterías de las que se usan en computadoras laptop, de mayor rendimiento y menores períodos de carga.

El Roadster puede hacer 400 km sin recarga y en tres horas y media se carga totalmente, simplemente conectado al tomacorriente de la casa a un costo de menos de un centavo de dólar por kilómetro.

Si bien este modelo cuesta unos 100.000 dólares, para 2009 Tesla ya tiene planeado el lanzamiento de otro modelo de entre 50.000 y 75.000 dólares que competiría con la serie5 de BMW. De ahí en más la dinámica seguramente será la que rige en la industria de las computadoras: cada vez más por cada vez menor precio.

Cuando los motores a explosión sean sólo un recuerdo nos preguntaremos: “¿cómo pudo durar tanto un motor ruidoso que emitía gases tóxicos? La solución a nuestros peores problemas quizás esté más cerca de lo que pensamos.

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El adelanto de mi columna del domingo en La Capital:

Que los cumplas verde

Eduardo Remolins

Según Alison Smith los cumpleaños infantiles tienen dos inconvenientes. El primero es que dejan un tendal de basura y desperdicios, entre ellos los papeles de regalos, cajas y envoltorios. El segundo es que el chico en cuestión recibe unos cuantos juguetes que realmente no le interesan en absoluto y van  parar a algún armario, baúl o directamente a la basura.

Para resolver estos inconvenientes Alison se asoció con otra madre y juntas crearon ECHOage (www.echoage.com), una compañía que ofrece cumpleaños ecológicos. O, como lo define ella misma: “brindamos practicidad y conciencia, envuelta en un gran moño verde”.

El servicio funciona así: la empresa se encarga de enviar las invitaciones y confirmar quienes vienen, enviar notas de agradecimiento y recordatorios antes de la fecha. Además, recogen información de contacto de los padres y datos médicos de los chicos, como alergias, por ejemplo. Las invitaciones son tarjetas electrónicas  enviadas por email, para eliminar el uso de papel.

Cada invitado hace llegar su regalo en efectivo por Internet, a través de una conexión segura. Después de deducir el 15% que cobra la empresa por su servicio, el 50% del dinero es enviado en nombre del cumpleañero a una institución de beneficencia que ha elegido el propio chico. La elección se hace sobre una lista de instituciones reconocidas y confiables que ha identificado ECHOage, generalmente relacionados con la protección de la infancia o el medio ambiente. Los padres reciben un comprobante deducible de impuestos por el monto de las donaciones. El otro 50% del dinero es enviado a los padres del chico para que puedan comprarle un regalo a su gusto y con mayor significado o utilidad.

Las fundadoras dicen que este tipo de cumpleaños no sólo son “verdes”al reducir la cantidad de desperdicios, sino que enseñan a los niños el valor de dar y la importancia de la calidad por sobre la cantidad. ¿Exagerado? ¿Sólo válido para un país “rico” como los EEUU? Es cierto, aunque nadie dice que los porcentajes deban ser los mismos. ¿Qué pensarán los chicos?

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El adelanto de mi columna de La Capital de este domingo.

Vender historias

Eduardo Remolins

Vender turismo urbano es más que mostrar edificios bonitos. Opción Sur es una empresa que lo entendió perfectamente. Superficialmente uno podría decir que son sólo otra empresa de tours urbanos, que utiliza el típico colectivo para pasear extranjeros por Buenos Aires. En parte es eso, pero hay más.

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Esta es mi columna para La Capital del próximo domingo:

Paul Potts era un tímido vendedor de teléfonos celulares del sur de Gales. Un hombre sencillo e inseguro que amaba la música. De hecho, su sueño era vivir haciendo eso que él creía que había nacido para hacer: cantar ópera.

En Febrero de 2007 ingresó a la versión británica del reality show American Idol (llamado Britain´s Got Talent), y apenas salió a escena en su primera presentación en Cardiff le preguntaron para qué estaba allí. “Para cantar ópera”, fue su respuesta.

Dos de los tres jurados intercambiaron miradas cómplices y escépticas mientras el tercero, el famosamente cruel Simon Cowell, se cruzaba de brazos reclinándose en la silla, a la espera de su momento para maltratar al participante.

 No pudo darse el gusto. En los primeros diez segundos de su interpretación de Nessun Dorma, Paul ya había

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Mucha gente me lo ha preguntado. ¿Para qué hago la columna de La Capital? En el último envío del 2007 puse la respuesta:

Creo que la gente que lee esta columna se divide en dos grupos:

1-      Los que la leen siempre, buscando información sobre oportunidades de negocio y casos empresariales innovadores.

2-      Los que la leen ocasionalmente, aunque no terminan de entender de qué trata o para qué sirve. Para ellos escribo la última columna del año.

El objetivo de Start Up es sencillo: hacer visible lo que no vemos. O, en términos menos esotéricos, mostrar formas de generar riqueza que están disponibles para nosotros, pero que no siempre reconocemos.

En 2007 me tocó hacer dos viajes por los EEUU, recorriendo ocho ciudades en cada uno, de costa a costa. Si tuviera que decir qué es lo que más me impresionó de la primera economía del mundo diría esto:

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