La clínica empresaria que di el jueves no solo salió interesante, sino que hasta dio para una pequeña polémica. El tema fue las oportunidades que tienen los artistas contemporáneos para editar y dar a conocer su arte en la web: sus libros, canciones o películas y, de paso, ganar dinero con su arte.

La historia comenzó cuando en la segunda parte de la charla contó su experiencia Tiago Galíndez, un músico rosarino cuyo caso yo ya había contado antes. Tiago consiguió un contrato con una pequeña discográfica inglesa, especializada en nichos de mercado (música “indie” en muchos casos), en el año 2006. Grabó un tema en un compilado de ese sello y la promoción que eso le dio le permitió crecer en su carrera.

En síntesis, su banda, The Kavanaghs, comenzó a tocar mucho más, consiguieron un buen manager y un contrato con Universal. Linda historia, ¿no? Bueno, no para todos. Y ahí comienza la polémica. Sebastián, uno de los asistentes a la clínica, le preguntó: “Si ya habías logrado un contrato con un sello chico y alternativo, que te convenía económicamente, ¿para que firmaste después con una multinacional, que son los grandes del negocio y cuyos contratos suelen ser mucho menos atractivos eonómicamente?” La pregunta tenía sentido porque yo había remarcado que las editoriales on line o las discográficas “boutique”, como la inglesa que había contratado a Tiago, ofrecen porcentajes de las ganancias mucho más atractivos que las grandes multinacionales.

Tiago contestó a esa pregunta con una gran dosis de sentido común. Dijo: “Firmé porque antes yo tenía en mi casa 500 canciones de las que poseía el 100% de los derechos, pero no compraba nadie. Ahora voy a resignar el 25% de los derechos de algunas de esas canciones (es lo que me pide Universal), pero confío en que esas conciones sí se vendan”.

Para mi era fin del tema, pero luego Sebastián publicó este post en su blog. En parte lo que dice es que “a veces caemos muy rápido en analizar el valor algo en función del dinero que proporciona y si los artistas creen que con esto se van a llenar de dinero están equivocados.” Concuerdo con esa idea. Además agrega: “Me causa dolor ver músicos cuya única variable de éxito es `si puede vivir de eso`”. Me molesta que sea la única variable a considerar. “

Me encantó el tema. Tratar de vivir de lo que a uno le gusta hacer, ¿es una medida del éxito o no? Yo creo que si. Por algo que le ponía a Sebastián en el comentario a su post: “Estoy de acuerdo con vos en que hacer dinero no es el único indicador de éxito  o de que estás haciendo las cosas bien. Ahora, “vivir haciendo lo que te gusta” tiene otro significado. Más profundo. Por ejemplo, vos trabajás en una empresa, ¿no? ¿Te gusta lo que hacés? ¿De verdad  te gusta? Si la respuesta es sí, es una bendición. Realmente. Porque dedicarle un tercio de tu vida a hacer algo que no te agrada es una tortura. ¿No?

“El modelo de laburar para ganar plata en cualquier cosa que no te guste y luego dedicarte a hacer lo que verdaderamente te gusta (como hobby) es medio retorcido. Y sin embargo es la forma en que vivió la mayoría de la humanidad durante la mayoría de la historia humana. Eso es mucho tiempo.

Una de las formas de cambiar esto es lograr que tus ingresos provengan de hacer lo que realmente te gusta hacer. Por ejemplo, tocar música. No es buscar los flashes y las grupies (y si querés buscar eso, perfecto :-) ) sino evitar tener que trabajar de bancario para poder ser rockero a la noche. ¿No tiene más sentido? “

Santiago Gastaldi es un economista de Río Cuarto que fue mi profesor de Economía Monetaria en tercer año de la Facultad. Como viajaba desde Río Cuarto para dar clase todo el día en Rosario, nos daba ocho horas de clase de corrido, generalmente los sábados e inclusive los feriados. Viajaba toda la noche desde su ciudad y llegaba, puntualmente, a las 8 para comenzar a dar clase, aseado y con el pelo engominado. Hacia las 5 o 6 de la tarde, su aspecto físico comenzaba a dar muestras de un notable cansancio y era común escuchar las bromas sobre su cabello que, ya sin gomina a esa hora, le caía sobre la frente arrugada.

Queríamos mucho a Santiago, no sólo porque era (y es) un gran profesor, sino especialmente porque se notaba el sacrificio que hacía para dar clases. Sin embargo, un día nos sorprendió cuando hablábamos de ese tema: sus viajes y su cansancio. Lejos de ponerse en víctima, se despachó con un:  ”A mi gusta tanto lo que hago, que no puedo creer que me paguen por hacerlo”. Santiago era feliz y nosotros no nos habíamos dado cuenta.

La misma frase se la escuché a muchas otra personas (al Negro Fontanarrosa por ejemplo), que tienen o tuvieron la bendición de vivir haciendo lo que les gusta. Escritores, pintores, músicos, pero también políticos, empresarios y carpinteros. Todos los que aman lo que hacen se sienten bendecidos, y como estarían dispuestos a pagar por hacer eso que aman, casi no pueden entender cómo les pueden dar dinero por divertirse. ¿Se te ocurre otra forma de definir la felicidad?

Por eso no conozco lo que piensan ustedes pero para mi vivir haciendo lo que te gusta SI ES un indicador de éxito. Quizás para algunos de nosotros eso mismo es el éxito.