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Acabo de ver en la web de La Capital un artículo de Jorgelina Hiba en el que me entrevista. Es parte de una serie de notas preparando el Bicentenario y en este caso me pregunta sobre las perspectivas económicas de Rosario: qué tenemos y qué nos falta.

Rosario: el desarrollo productivo y los límites del desequilibrio social

Con un crecimiento que se obstina en repetirse año tras año, son muchos los que opinan que la región transita un camino que llevará, casi inevitablemente, hacia el progreso económico. La coyuntura internacional sigue siendo generosa con los productos que se embarcan desde los puertos del Gran Rosario, consolidado ya como gran polo exportador del país. Otros sectores, como el automotriz o el tecnológico, aportan sin complejos lo suyo. Pero más allá de las virtudes donadas por la naturaleza y de lo que varios especialistas consideran acertadas políticas públicas, todavía quedan graves cuestiones por resolver.

Las falencias en infraestructura básica como rutas, trenes y servicios, más la persistente desigualdad social que se hace visible en cualquier esquina, todavía recuerdan con claridad que queda mucho por remontar. Apenas dos años antes del Bicentenario, quienes siguen de cerca el desarrollo productivo local reclaman más y mejor coordinación entre el sector público, las empresas privadas y las universidades y agitan a favor de un click mental que empuje a los rosarinos a comenzar a creer que el crecimiento y el desarrollo esta vez si pueden ser posibles.

Rosario, entre dos orillas

“La ciudad es moderna en algunos aspectos y en otros no. Con respecto al uso de tecnología para la producción de alimentos, por ejemplo, es moderna. Así como en la aplicación de tecnologías de la información en el sector privado y el público. Pero falta infraestructura, poder de decisión local y, más importante aún, un cambio de mentalidad”. El primer esbozo de respuesta del economista Eduardo Remolins condensa los trazos gruesos de las virtudes y déficit del mundo productivo regional de cara al primer cuarto del siglo XXI.

Con excelentes números macro en la marcha de la economía nacional y un contexto internacional favorable al menos por el momento, Rosario parece estar ubicada en el lugar justo, en el momento correcto. “El perfil productivo predominante en Argentina tiene eje en Rosario y su región. Por eso la situación de bonanza general impacta más acá que en otras partes”, destacó Oscar Madoery, uno de los principales especialistas locales en desarrollo regional.

Pero además de la coyuntura, el actual vicepresidente segundo de la Agencia de Desarrollo Rosario subrayó que existen factores propios de la ciudad que la dejan bien ubicada para competir a nivel global. “Rosario es una ciudad con proyecto, que tiene claro adónde va y cómo llegar hasta allí. El acercamiento entre el sector público y el privado es clave para eso. Se crearon lazos permanentes, fuertes y estables. Desde mi punto de vista, además del buen contexto, el tipo de gobierno local y ahora provincial son dos de los principales elementos positivos con los que cuenta la región”, dijo el ex Secretario de la Producción de la Municipalidad de Rosario.

Política de seducción

Desde el campo privado, Remolins coincidió en la importancia de un sector público que traccione al resto de la sociedad y que se anime a tomar la iniciativa. “Curiosamente, el sector que más empuja la ciudad hacia el desarrollo y la modernización es el sector público: el municipal y ahora también el provincial. En esto podemos ser una vanguardia a nivel nacional. Tenemos un tipo de política que no abunda en el país y ese tipo de política va a ocupar, inevitablemente, un espacio a nivel nacional”, apuntó el economista, para quien si bien los actores privados son dinámicos y crean riqueza, muchas veces carecen de una mirada más abarcativa desde lo social.

“Creo que hace falta integrar esa capacidad de trabajo y creación de riqueza en un proyecto regional más ambicioso e integrador”, agregó. A la hora de repasar lo que ocurre en la vereda de las empresas, el académico resaltó que si bien existen en la zona una docena de grandes y modernas plantas de multinacionales, ninguna casa matriz está radicada en el lugar. “Somos en gran parte una ciudad-factoría y necesitamos urgentemente desplazar capacidad y poder de decisión hacia la ciudad. Nuestro peso económico en inversiones y exportaciones no tiene un correlato acorde en nuestro peso político y social en el país y en el mundo”, explicó.

Además, Remolins se despachó analizando lo que considera el mayor obstáculo para consolidar a la región como un centro productivo a nivel mundial: la falta de ambición o de convicción en cuanto a lo que se puede lograr.

Para el especialista, los habitantes de la zona padecen de “una especie de timidez o inseguridad crónica” que provoca que el progreso quede postergado con frecuencia, aún con circunstancias favorables.

Para eso utilizó el ejemplo del tren rápido a Buenos Aires: “el gobierno decide construir un modernísimo tren de alta velocidad que nos une con dos de las tres ciudades más importantes del país en un proyecto único en Latinoamérica, y nuestra respuesta es dubitativa, insegura y escéptica, en lugar de ser entusiasta”, cuestionó.

“Entonces ¿cómo vamos a lograr creer que podemos tener un subterráneo, por ejemplo? Nos van a asustar las cifras de inversión? Esa es nuestra mayor limitación, la mental. Es duro, pero es cierto. Nada nos limita, ni la geografía, ni la cercanía a Buenos Aires, ni la pertenencia a Argentina. Nosotros nos limitamos solos”, reflexionó.