En 1976 Gordon Roddick ya había partido hacia Argentina para hacer realidad su sueño de viajar a caballo desde Buenos Aires hasta Nueva York. En Inglaterra quedaban su esposa, Anita, y sus dos hijas. Sin medios económicos, Anita sabía que tenía que hacer algo, y rápido, para sobrevivir. Hizo lo que tenía más a mano: abrió un pequeño negocio.The Body Shop fue al principio una pequeña tienda de cosméticos naturales, ubicada en un local tan humilde que fue pintado de un verde intenso para tapar el moho que había en las paredes.
Pronto el negocio fue verde en otros sentidos. Ecologista convencida y activista social, Anita se hizo conocida rápidamente por vender sus productos de belleza en envases rellenados y por entregar los productos en bolsas de papel reciclado.“Más que una empresaria, soy una activista social”, se definió en alguna entrevista. Sus campañas en contra de las crueles pruebas de cosméticos en animales dieron la vuelta al mundo y The Body Shop fue una de las primeras empresas comprometidas con el “Fair Trade”, garantizándole a sus clientes que pagaban un precio justo por las materias primas que adquirían en países en desarrollo. “Comercio, no ayuda” fue el eslogan que utilizó en esos días.
Anita recorrió el globo pidiendo por presos políticos y por los derechos de las minorías, habló en universidades, en pequeños mítines callejeros y en conferencias internacionales, pero siempre fue, antes que nada, una emprendedora.Su pequeña tiendita de cosméticos se transformó en una compañía con más de 2200 locales en 55 países. Roddick se retiró de la gestión de la empresa en 2002, aunque siguió prestando servicios como consejera. El año pasado L´oreal compró The Body Shop por US$ 1.140 millones.
“Las empresas tienen el poder de hacer el bien”, fue uno de sus lemas predilectos. La Misión de The Body Shop reza: “Dedicar nuestros negocios al cambio social y ambiental”. Ninguna persona, ningún economista, ningún intelectual, me influenció e inspiró tanto como esta mujer que confesaba que se guiaba por su intuición y desconfiaba de la educación de negocios. El 10 de Septiembre pasado Anita Roddick murió repentinamente de una hemorragia cerebral a los 64 años. Murió la Reina Verde, y yo ni me había enterado.


2 comments
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29 Septiembre 2007 a 10:46 am
Cristian
Me enteré por tu blog de la muerte de Anita Roddick. Una pena. Hace unos años visité una de sus fábricas, cuando todavía le pertencecían, para mí fue algo novedoso ver, por ejemplo, que la materia prima para un cosmético era una pila de bananas, y saber que los productos eran testeados en los mismos empleados, quienes por supuesto compartían la ideología del NO testeo en animales.
Me apenó mucho también cuando supe que había vendido su empresa a L´Oreal, quizás sea un prejuicio pero dudo que compartan la pasión y el compromiso con el ambiente que tenía ella.
Repito, es una lástima que se haya ido, pero es una suerte que haya podido vivir su vida con tanta pasión y siguiendo su instinto.
Un abrazo, Cristian
1 Octubre 2007 a 5:14 pm
enpiyama
Cristian, yo admiraba (admiro) a Anita Roddick desde hace años. Pero también me enteré de las dos cosas al mismo tiempo: su muerte y la venta a Lóreal. Su muerte me entristeció mucho. La venta me deja la misma sensación que a vos. Me genera muchas dudas. Supongo que es inevitable. Ella ya no la dirigía a la empresa y tuvo muchos problemas para manejar semejante escala de empresa.
De todas maneras el legado es innegable. Y además de la empresa, dejó su historia y varios libros. No se la va a olvidar.
Un abrazo, Eduardo